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TRASTIENDA POLÍTICA

Randazzo y los dos dígitos

El “efecto encuesta” que tendrán las Primarias del domingo 13 es un dato político que realmente preocupa en el búnker de Florencio Randazzo, el candidato a senador nacional del frente justicialista Cumplir, donde admiten además lo que registran los sondeos que se conocen: asoma un escenario de tercios y ellos están cuartos, lejos del tercero.
Los análisis reservados que se hacen en el Palacio Duhau, búnker randazzista, reconocen el peligro real de que el resultado de agosto se achique sensiblemente en octubre, si es que en esos dos meses que median entre cada elección se instala la idea de que el voto a Cumplir carece de utilidad práctica. Es algo perfectamente probable.
En el entorno de Randazzo el objetivo de máxima por estas horas parece ser llegar a los dos dígitos en las PASO. Las encuestas que se conocen –por cierto, no se han publicado demasiadas- ubican al ex ministro de Transporte en un 5% promedio. Sus colaboradores, con una cuota mayor de optimismo, aseguran fuera de micrófono que a menos de dos semanas del comicio sus propios registros dicen que están en un 8% a nivel provincial.
También rescatan como un dato que puede jugar a favor de ellos que en todas las encuestas publicadas el porcentaje de indecisos (el célebre No sabe/No contesta) no baja del 8 o 9 por ciento. “Hay que apuntar allí, al voto de último momento”, explican fuentes del espacio cuando detallan cómo alcanzar los anhelados dos dígitos.
Randazzo apunta, sobre todo, a un voto peronista que rechaza al cristinismo puro y lo que éste representa: desprecio histórico al PJ, negación de la liturgia. Ese es su primer universo de electores probables. También a los desencantados de Sergio Massa, en especial por su acercamiento a Margarita Stolbizer, y a los actuales enojados con el macrismo que hace dos años optaron por Cambiemos como el mal menor.
Cuando habla de “Cumplir”, nombre de su espacio y leitmotiv de su campaña, no sólo se refiere a que rechazó ser candidato a gobernador porque había prometido que le daría pelea interna a Daniel Scioli en 2015 para la presidencial. También busca resaltar sus “logros” como ministro: documentos y pasaportes en tiempo récord, trenes nuevos, electrificación del Ferrocarril Roca, etc. Insumos de sus spot de radio y televisión.
Lo dicho: se admite en el randazzismo una situación de “estancamiento”, no de caída permanente. Y se escuchan quejas por la consecuente “invisibilización” en los medios. No tanto como teoría conspirativa contra las empresas periodísticas sino como consecuencia de aparecer en un cuarto lugar en la imaginaria “grilla de expectativas”.
El consultor Ignacio Ramírez, que lo asesora, busca fórmulas para el despegue. Mientras, su equipo político acerca opiniones divididas: conviene hacer un acto importante, mejor no hacerlo. Apelar a un golpe de efecto con un truco tecnológico para hacer tres actos simultáneos en los que “El Flaco” aparezca al mismo tiempo o no gastar fondos en algo que, en definitiva, sólo tendría impacto en el votante propio.
Randazzo llegó a este punto, acaso por deficiencias propias. Entre fines de 2016 y principios de este año pintaba para quedarse con parte sustancial del peronismo bonaerense. Era la época en que el extinto Grupo Esmeralda –un puñado de intendentes del PJ jóvenes y de distritos importantes- casi imploraba que se pusiera al frente de su armado y fuera su líder. Para barrer a Cristina, que medía poco, y para encabezar un proceso de renovación partidaria que apuntaba a 2019.
Pero el ex ministro dilató los tiempos. Jugó al misterio. Hacía reuniones reservadas donde prometía jugar, vaya o no Cristina como candidata. Pero el grupete de alcaldes y legisladores pretendían algo más público para animarse a romper con la ex presidenta; un gesto, un anuncio, que no llegaba. Cuando llegó fue tarde.
Se admite en el randazzismo, además, que “El Flaco” efectivamente estaba convencido de que Cristina no se iba a animar a jugar en esta elección. Por su alto nivel de rechazo, que es real. Pero que, aunque suene paradójico, hoy no le impide encabezar los sondeos de intención de voto. Y que si ella no se presentaba, él sería el depositante natural de la mayoría de voluntades justicialistas. No sólo no pasó eso. La ex presidente le corrió el arco cuando le tiró el sello y los símbolos del PJ por la cabeza y formó su Unidad Ciudadana.
Randazzo es un profesional de la política. Cuesta creer que no tuviera un plan B, sobre todo cuando Cristina avisó, en abril de 2016 en aquel acto montado en los tribunales de Comodoro Py, que para ella los partidos tradicionales ya no eran importantes y que debía trabajarse sobre el concepto de frente ciudadano. El ex ministro siempre se planteó las elecciones de este año como un paso necesario para buscar una postulación presidencial en 2019. Un objetivo que hoy se le presentaría más complicado.

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