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La ex pareja de Delfina Eceiza está imputada por "lesiones agravadas".
LA CAUSA PODRÍA PRESCRIBIR

Eceiza: “Me daba piñas en la cabeza y me tapaba la boca para que no gritara”

Lo afirmó la joven de 24 años, oriunda de Ameghino, que denunció a su pareja por violencia de género. Miguel Alejandro Cofiño tiene 25 años y está imputado por "lesiones agravadas". Antes del juicio, pidió cambiar de abogado y se fugó. Es intensamente buscado.

Está acusado de pegarle a su novia y la causa podría prescribir. Miguel Alejandro Cofiño está imputado por "lesiones agravadas": fue denunciado por violencia de género por su ex pareja, Delfina Eceiza, de 24 años oriunda de Ameghino. Antes del juicio, pidió cambiar de abogado y se fugó. 
En una entrevista con una canal porteño, Eceiza, afirmó: "Me dejaba encerrada para irse a entrenar. Además no podía ir a cursar sola".
En el expediente judicial consta que Cofiño y Eceiza eran pareja y decidieron mudarse a Junín, donde ella se inscribió en la facultad para estudiar Trabajo Social.  Entre 2015 y 2016 la joven fue víctima de violencia física y psicológica: él le pegaba piñas, patadas y la agarraba del cuello; además, la insultaba.
“En 2015 la denuncia la radicó mi papá, quien se enteró por mi mamá que me vio los golpes que habían sido del día anterior cuando me había pegado bruscamente en toda la parte izquierda de la cara”, explicó la joven. 
“En ese momento yo estaba estudiando Trabajo Social en la ciudad de Junín. Cuando me fui a despedir de mi mamá en la terminal de colectivos, me vio las heridas en el rostro. Yo lo venía encubriendo a él”, continuó.
 


“Cuando me pasaba algo en la nariz, yo decía que me había lastimado con un ladrillo, que me había caído o me había chocado con algo”, sostuvo. 
“Mi mamá fue a la casa de él, junto a mi hermana, para preguntar qué estaba sucediendo  y de parte de su familia lo minimizaban, que no pasaba nada y que eran cosas de chicos, como discusiones”, recordó.
“Yo vivía con mi mamá en Junín y estaba en el tercer año de la carrera. Él de a poco se fue metiendo en mi vida íntima y me decía: ‘Te acompaño así no estás sola’. Para mí al principio era una compañía y lo veía como algo positivo, hasta que de a poco me fue alejando de mis vínculos”, expresó.

“Violencia física, psicológica y sexual”
“En 2016 convivimos, año que fue más grave en cuanto a la violencia física, psicológica y sexual. Yo tengo un hijo con él, de 3 años, con quien nunca tuvo un contacto”, expresó la joven.
“Si bien la denuncia la hice en 2015, como quedé embarazada volví a convivir con él. Me dejé llevar por sus palabras como ‘perdón y voy a cambiar’. Yo estaba negada con mis allegados que me decían que él era mala persona, cosas que no veía y lo apañaba”, reconoció.
“Cuando nació mi hijo, ahí me di cuenta de que estaba en riesgo y mi cabeza se empezó a cuestionar ciertas actitudes, que no sabía cómo controlarlas”, explicó.
“Por ejemplo, me dejaba encerrada para él irse al Club Rivadavia a entrenar, y yo no tener contacto con vecinos de Ameghino quienes dejaron de saludarme porque sabían que yo no era yo”, indicó.
“Yo iba al boliche y luego no fui más a ningún lado. Es como que siempre culpabilizaba a mi familia diciendo ‘qué hincha tu mamá, tu papá; para qué quieren saber dónde estás o si estás conmigo; para qué vas a subir una foto a Facebook con tus amigas’”, subrayó.

“No podía salir a comprar pan”
“Él tenía mi teléfono, yo debía hablar en altavoz con mi papá, ya que pensaba que yo tenía relaciones sexuales con mi padre y padrastro. Era una relación muy tóxica. Tampoco podía salir a la calle a comprar pan, no podía ir a cursar sola porque tenía que ir y volver con él”, apuntó la víctima.
“Me daba piñas en la cabeza, tengo el diente roto que me lo arreglé muchas veces. Me agredía con el cargador del teléfono, me tapaba la boca para que no gritara  y mi hijo lloraba”, subrayó.
“Yo ahora vuelvo a Ameghino donde me encuentro con su familia cada dos cuadras. Estoy en riesgo, pero yo sentí la necesidad de que al menos tenga la condena social y que no pueda pisar el pueblo para que todos sepan que es un violento con mujeres, policía  y con hombres”, remarcó.

La causa podría prescribir
El pasado 13 de septiembre comenzó el juicio contra Cofiño. En la primera audiencia, estuvieron presentes todas las partes: víctima, imputado, testigos, fiscal, abogado defensor y juez. 
Pero, en ese momento, el acusado solicitó cambiar al abogado defensor que tenía, por el letrado particular Mauricio Muñoz. Según comunicaron fuentes judiciales, el abogado se tomó los tres días que le otorga el Código Procesal Penal bonaerense para decidir si aceptaba y se suspendió momentáneamente el debate. 
Cuando Muñoz comunicó que aceptaba la designación, se puso una nueva fecha de juicio: el 4 de octubre. Pero cuando la policía fue a notificarle a Cofiño las novedades, se dieron cuenta de que se había escapado. 
De ser encontrado culpable, podría ser sentenciado hasta a dos años de prisión, pero si no lo encuentran antes de mañana, la causa podría prescribir. 
“Si queda impune mañana, no va a recibir ninguna pena y todas las de ganar las tiene él. Su familia argumentó que estaba trabajando en la provincia de San Luis, y que no tenían ningún número de teléfono. Su abogado, Mauricio Muñoz, dijo que había perdido todo tipo de contacto con él”, afirmó Eceiza.
“Ahí fue cuando el juez, Dr. Jorge Cóppola emitió la búsqueda nacional porque está prófugo”, finalizó. 
Además, este hombre enfrenta otra denuncia por abuso sexual, radicada en agosto de 2018 por Eceiza, que está tramitando la Ayudantía Fiscal de Florentino Ameghino.

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