Se cumple este año el centenario del levantamiento estudiantil contra el orden constituido en las universidades de la época. Quedaba atrás la Universidad monárquica y monástica profundamente aristocrática. Proponían los estudiantes de 1918 una Universidad al servicio de las ciencias y las artes, sin dogmatismos, democrática.
El protagonismo de la Reforma en la vida nacional merece ser considerado en el espacio reservado para hechos relevantes de nuestra historia. Este movimiento nacido en Argentina, se extendió a otros lugares del mundo y particularmente a Latinoamérica.
Señalar esta trascendencia debería ser una obligación para los gobiernos constitucionales.
Las primeras cinco Universidades Nacionales lograron generar estatutos reformistas para su organización, desde la de Córdoba creada en el siglo XVI hasta la de La Plata, que fue Universidad Provincial, transformándose en 1905 en Universidad Nacional.
En los años transcurridos, seguramente por el aumento de población, entre otras variables y por el desarrollo de centros urbanos de importancia, se organizaron nuevas Universidades. Desde 1959 a 2016 se crearon cuarenta y siete, sin contar las privadas.
El mejor homenaje a la Reforma es hacer cumplir sus preceptos y frente a las dificultades, recordar las enseñanzas de J. V. González.
En consecuencia sería interesante analizar el crecimiento producido, no solo en cantidad, sino en lo referido a la calidad. Una pregunta sería: ¿La creación de las Universidades perseguía objetivos amplios, superadores, al servicio de la ciencia y del conocimiento en todas sus formas, del arte y la cultura? Bien es sabido que las Universidades Nacionales se sostienen económicamente por el esfuerzo de todo el pueblo y su gratuidad es debido a la contribución de todos los ciudadanos. Por lo tanto deben cooperar en beneficio de la República, su progreso, la capacitación de recursos humanos en el más alto nivel posible. ¿ Se está respondiendo adecuadamente a estas obligaciones?
Cuando se observan los tiempos de creación, la localización, los objetivos perseguidos, los niveles de selección de los educadores, los procedimientos de promoción o el desarrollo científico logrado, se despierta preocupación. Además, el embanderamiento ideológico es más que intranquilizador, sobre todo cuando se anula el pensamiento creativo auspiciándose verdades indiscutibles y adoctrinamiento uniforme.
No es menos preocupante la creación de nuevos lugares de trabajo, creando sistemas burocráticos de escasa relevancia. En la Universidad de La Plata, por ejemplo, solamente el rectorado cuenta con aproximadamente 10 secretarías, alrededor de 25 prosecretarías y casi noventa direcciones, según indica en su página web la UNLP y algunas unidades ejecutivas. Además las Universidades deben respetar, por sobre todas las cosas, la libertad de los educandos y no imponer ideas, dando lugar a todas las corrientes del pensamiento. El pueblo, como se expresó es sostén de las Universidades Nacionales y por lo tanto estas deben estar abiertas al mismo, administrando rigurosamente su presupuesto, jerarquizando la educación, la investigación científica y tecnológica, la preparación de los recursos humanos necesarios para atender las necesidades del país, aplicando el método científico y la libertad de creación. En consecuencia no se deberían convertir en centros burocráticos de residencia, sin mayores aspiraciones, ni en meras academias de expedición de títulos. El mejor homenaje a la Reforma es hacer cumplir sus preceptos y frente a las dificultades recordar a Joaquín V. González cuando expresaba: “Ya veis no soy un pesimista ni un desencantado, a mí no me ha derrotado nadie y aunque así hubiese sido, la derrota solo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo”.
(*) Miembro del Foro Reformista.
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