Nací en el año 1952, en el barrio El Picaflor. Una época maravillosa. Fui a la Esc N° 2, luego pasé a la esc San José y terminé de cursar en la Esc N°12. Estaba Coloma como director, que era amigo de mi viejo, y me pasaron allá. Me acuerdo de Godoy, Rossito, Pérez, Cappio, Asfura.
En la escuela jugábamos al fútbol con una pelotita de metegol. Cuando terminaba el recreo seguíamos jugando, levantando polvareda en el patio, entonces venía Coloma y te agarraba de la patilla para llevarte adentro. Hoy sería violencia. Andá a quejarte en ese entonces, ni a tu viejo le decías nada porque encima te pateaban el trasero en tu casa. Había disciplina, se respetaba al maestro. Otra generación.
En esa época no se podía jugar al fútbol hasta los doce años. Entonces comencé con el papá de Pastorino –que vivía al lado de la farmacia Pasteur- a hacer atletismo. Me preparaba y corría maratones.
Antes la cancha de Sarmiento tenía pista de atletismo y se hizo en el año 1963 el campeonato de la Provincia de Buenos Aires donde gané la Llave de la Provincia de Buenos Aires representando a nuestra ciudad. Traduciendo, fui campeón del torneo.
Yo tenía cinco clubes alrededor de casa. Independiente, Ambos Mundos, Jorge Newbery, BAP y Sarmiento. Mi prima, que era más grande, me llevaba a ver Ambos Mundos de prepo, porque estaba de novia con el Coco Ochoaispuro con quien finalmente se casó.
Pero no me entusiasmaba Ambos Mundos y empecé a practicar en Sarmiento donde estaban Rusiñol y Ceballos. Sin embargo en Primera Junta, donde está la estación de servicio Petrobrás, estaba el campito Unión. Un día jugábamos un partido con los pibes y me estaba observando de afuera don Juan Torelli –en una bicicleta-. Cuando terminó el partido me encaró derecho y me dijo si no quería ir a jugar a BAP. En ese tiempo estaba la octava, séptima, sexta “A” y sexta “B”.
Yo quería jugar al fútbol, no me importaba el club, y le dije que sí. La alegría era llegar el sábado y jugar. Fue mi papá a ficharme, porque yo era menor.
Arranqué a jugar en la octava con zapatillas flecha… de lona y goma en la punta. No tenía tapones y no te resbalabas. Hoy juegan con agarraderas.
Luego de estas categorías estaba la reserva que con el tiempo desapareció. Ahí jugaban los que excedían el cupo de la primera y era preliminar. Ahí te empezabas a codear con la gente grande y salías jugador o no jugabas más. Era el colador del momento. Enseguida me pusieron en la reserva. Salimos tres años campeones invictos. Y ojo que de la reserva ibas al banco de la primera y si te tocaba entrar jugabas de nuevo. Ahora ni soñando lo hacen. Y eso que yo trabajaba en la alcoholera, que me hacía de gimnasio de pesas porque era levantar cajones a cada rato.
Debuté en primera con diecisiete años, contra River Plate en la cancha de BAP. Si no picabas arriba entre los 17 y 18 años, no jugabas más. Me llegué a encontrar con grandes jugadores y te querían meter miedo. En un partido pasé tres veces a Caresani, de Moreno, y me dijo que me iba a romper la rodilla. Cosas que pasaban en el futbol de antes.
Gané un nocturno con BAP. Nos habían apodado los Bichitos de Luz, porque jugábamos solamente de noche.
Todos los clubes tenían buenos jugadores y en todos los puestos. Hoy hay tres jugadores que definen el partido y si no juegan ellos, sonaste. En ese tiempo estaban en BAP los Frías, Guruceaga, Destéfani, Aguerre, Roldán, Cucú Piedrabuena. Jugar con ellos fue fabuloso.
Fue en la época que BAP vendió a Ortiz y llegaron al club algunos jugadores de Buenos Aires para ver si podíamos salir campeones. Eran el arquero Ramonda, el 5 Romero, el 9 Masachessi y un full back. Aparte se sumaron Cacho Villaseca, Bustos, el Mudo Fernández. Nosotros quedamos cuatro en ese equipo, entre los que estaban Tobar -el arquero- y Vili Scorsetti. Entré de titular ante Rivadavia y jugamos en cancha de Villa porque el celeste se estaba mudando de la cancha vieja. Tuve la suerte de hacer tres goles y ganamos cinco a uno. Era la época donde Célico, preparador físico, nos decía “muchachos si ustedes salen los sábados a la noche, es inútil que practiquemos porque tiramos todo por la borda”. Y el equipo se cuidaba como loco.
Fuera de BAP jugué un nocturno con Rivadavia de Junín – donde me pusieron una cláusula que contra BAP no podía jugar- . Luego me llevó Horacio Medina a Sport de Pergamino, que era medio equipo de Jorge Newbery. Hicimos una gran campaña y perdimos la final con Juventud. Me iba a dormir el sábado a Pergamino y jugaba los domingos.
Estuve en Huracán de las Heras, Mendoza, porque me llevó el verdulero Ferrari. Yo extrañaba mucho, estuve un tiempo y me vine.
Antes de hacer el servicio militar, en un partido, me estaba observando Víctor Bo –hermano de Armando- y me invitó a ir a Independiente de Avellaneda. Me dijo que me iba a llegar un telegrama con la citación.
Se demoró la convocatoria, me llamaron a enrolarme en el ejército. Me llegó en enero para presentarme un miércoles a las 15.30 en el estadio de Avellaneda. ¿A quién le iba a decir, si estaba reclutado en el ejército?. Solo atiné a hablar con un jefe que me dijo que me iba a mandar “pero trasladado al Sur”. Y no pude ir. Cosas del destino.
Dejé de jugar al fútbol a los 26 años. Dos años después comencé a dirigir fútbol y lo hice por espacio de 25 años. Me fue bárbaro. Gané un montón de amistades, por todos lados. Estaba con el SADRA, de Marconi, y me mandaba a todos lados. Igual hoy el arbitraje cambió mucho.
¿Maradona o Messi? Me quedo con Maradona. Voy a agregar al Trinche Carlovich, un fenómeno, como también lo fue Taqueta.
COMENTARIOS