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Como docente y regente, Aurora “Bocha” Carbonel estuvo la secundaria “Manuel Dorrego” desde su apertura.
RECONOCIDA EXDOCENTE

“Bocha” Carbonel: “La Media 1 fue el producto del esfuerzo de mucha gente”

Estuvo en la secundaria “Manuel Dorrego” desde su apertura –donde fue profesora y regente– y fue una pieza clave en el desarrollo de la institución que acaba de cumplir 50 años. También dio clases en los colegios Normal y Nacional.

Aunque era, apenas, la segunda vez que Aurora “Bocha” Carbonel entraba al edificio actual de la Escuela Secundaria “Manuel Dorrego”, sintió que su historia estaba allí, que el lugar también le pertenecía. Fue la semana pasada, cuando se realizó el acto oficial por el 50° aniversario del establecimiento educativo en el que ella había estado desde el principio.
A las instituciones no las hacen las construcciones, sino las personas que las forjan y la comunidad en la que están insertas: “Bocha” como regente y la entonces directora, Ana María Rodríguez, formaron un equipo que, con mucho esfuerzo, puso en marcha la Media 1 desde el momento en que funcionaba en el edificio de la Escuela 16, hasta su traslado posterior a la Escuela 30. Cuando pasó a su locación actual, donde se desarrolló la ceremonia, Carbonel ya se había retirado. Sin embargo, sus recuerdos, sus horas de trabajo, y el compromiso de tantos años seguían allí, flotando en el ambiente.

“Esta escuela fue el producto del esfuerzo de mucha gente”.

Inicio en la docencia
“Bocha” nació en Inés Indart, una pequeña localidad del partido de Salto, donde cursó su primaria. Luego hizo su secundaria como pupila en el colegio de hermanas de Chacabuco.
Cuando egresó, hizo algunas suplencias como maestra en Chacabuco, dio clases particulares en Inés Indart y en 1961, cuando se abrió el Profesorado de Castellano, Literatura y Latín en Junín, se vino a hacerlo.
En 1967, ya recibida, tuvo un breve paso en la dirección de una escuela de Rawson, y en 1969, cuando se casó, se instaló definitivamente a Junín.

La “Media 1”
En abril de ese año se abrió la Escuela de Comercio Nocturna N°1 (hoy Escuela Secundaria “Manuel Dorrego”) que funcionaba en el edificio de la 16. Y allí arrancó como profesora de Lengua.
“Tuvimos la primera promoción en el año 1974, para lo que hicimos una fiesta preciosa en el Club Rivadavia”, recuerda.
En el año 1980 fue fusionada con la Escuela N°18 y en 1983 fue trasladada al barrio Evita, a compartir edificio con la Escuela N°30. “Siempre sentí algo especial –segura Carbonel– porque era el tipo de institución que a mí me gustaban, una escuela chica, porque eso permitía conocer mejor a cada alumno”. Al mismo tiempo, daba clases en otros establecimientos locales.
La consolidación de la Media 1 en este nuevo espacio requirió de un gran esfuerzo, ya que “al edificio le sobraban aulas, pero eso fue hasta que la gente del barrio tuvo una secundaria en el lugar y podían hacer que los alumnos de la 30 siguieran allí”.
Por eso se apeló a la comunidad para su crecimiento. “Mi papá me decía: ‘lo primero que aprendiste con las monjas fue a pedir’”, recuerda Bocha entre risas, ya que fue eso lo que hicieron los docentes y directivos para agrandar la escuela.

“Era una escuela chica y eso permitía conocer mejor a cada alumno”.

Las primeras aulas que consiguieron fueron de madera y las instalaron en un terreno contiguo. “Una vez, una mamá contó que, el día que pasó y vio eso, dijo ‘a esta villa miseria no va a venir mi hija’, y la mandó a otra escuela, pero la chica no se adaptó y terminó viniendo a la nuestra”, recuerda Bocha.
Se hicieron rifas, bonos, bicicleteadas y eventos de todo tipo con lo que lograron construir tres aulas. “No hubo vecino o empresa del barrio que no haya aportado algo”, asegura Carbonel, que después tomó el cargo de regente, algo similar a lo que hoy sería una vicedirectora.
“Hay que decir que poner una escuela en Villa Belgrano hace cincuenta años era impensado, y después llevarla al barrio Evita, ‘más cerca de Roca que de Junín’, como nos decían. Todavía había gente que le decía Tierra del Fuego al barrio Belgrano. Era una zona periférica”, afirma. Pero el compromiso de la comunidad educativa y del barrio hizo posible este proyecto.
En 1994 Carbonel y Rodríguez decidieron retirarse. “Fueron muchos años de trabajo, de esfuerzo y de tensión”, asegura.
Luego siguió dando clases hasta el año 2000 en el Normal y el Nacional. “Ya se había implementado el cambio en el que séptimo, octavo y noveno dependían de las primarias –relata– y los docentes del Nacional iban a dar clases a la 16, así que terminé mi carrera en el mismo lugar en el que la empecé”.

“Con la escuela me pasa lo mismo que con mis hijos: yo sé que tienen defectos, que meten la pata, pero estoy contenta, hice lo que creía que había que hacer”.

Balance
La semana pasada se hizo el acto por el 50° aniversario de la institución y allí estuvo Bocha, como una de las invitadas especiales. “Esta escuela fue el producto del esfuerzo de mucha gente que trabajó unida”, asevera.
Y al momento de hacer un balance, concluye: “Hace un tiempo ya que me di cuenta de que tuve una buena vida. Siempre quedan cosas pendientes, es natural. Tal vez tendría que haberme tomado la escuela con más calma, no sentir que el peso de la institución estaba sobre nuestras espaldas, pero siempre pensamos que se podía hacer algo más, y eso cansa. Más allá de todo, estoy conforme, di lo mejor de mí. Con la escuela me pasa lo mismo que con mis hijos: yo sé que tienen defectos, que meten la pata, que habrá cosas por decir, pero estoy contenta, hice lo que creía que había que hacer”.

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