RECONSTRUCCION
DEL FUERTE |
Cuando
Juan Manuel de Rosas asume como gobernador y capitán
general de la provincia de Buenos Aires, el fuerte vuelve a tomar
su nombre original. Rosas comienza a preocuparse por la reconstrucción
del Fuerte de la Federación.
Llegan
entonces al fuerte las provisiones que hacen posible el establecimiento
y la vida de nuevos pobladores. Se
reparten las
tierras aledañas y se comienzan a sembrar distintos cultivos.
Es importante tener en cuenta que la recuperación del fuerte
fue consecuencia de los negociados que el gobierno de Rosas hizo
con las tribus de la región.
Aunque
además de los acuerdos, la campaña al desierto
de Rosas, que tuvo como objetivo no la ocupación sino el
escarmiento de los nativos, logró que el temor se apoderara
de los aborígenes y que muchos se pusieran bajo las órdenes
del blanco.
En
esta zona estaba el cacique Santiago Yanquelén, que
junto con sus indios pampas más un grupo de indios ranqueles
se ubicaba en lo que hoy es el puente del Morote y desde allí custodiaba
al Fuerte de la Federación de los ataques de los malones
de las demás tribus. Yanquelén y sus hombres eran
considerados traidores por los otros aborígenes.
Durante
el gobierno de Rosas, el comandante José Seguí se
hace cargo del fuerte. Seguí era un africano que había
llegado al país integrando un contingente de esclavos. Se
une luego al ejército y se destaca en algunas acciones.
Perseguidor tenaz de indios y servidor fiel de Rosas, fue muy severo
durante los 12 años que duró su mandato. En 1863,
su cuerpo fue hallado totalmente destrozado en el campo que Rosas
le había regalado.
NUEVO
ABANDONO DEL FUERTE |
En
1852, año en el que cae el régimen rosista, el
Fuerte de la Federación retoma nuevamente el nombre de Junín.
La situación es preocupante. Ya no está Rosas para
negociar con los indios. Repetidos malones arrasan el fuerte y
obligan a sus pobladores a buscar asilo y protección en
el interior. Para esta época no había ni cura ni
médico. No había escuela ni iglesia y los soldados
carecen de las armas necesarias y de una alimentación adecuada.
La
autoridad civil está a cargo del juez de Paz, José Eufrasio
Ruiz, ya que a partir de 1853, la autoridad civil se separa de
la militar, que es ejercida por el comandante del fuerte, que anteriormente
reunía ambos poderes. Y a pesar de que desde 1854 existía
la ley de organización municipal, Junín no podía
formar su municipalidad.
El
juez de Paz de ese momento, Pedro José Aparicio, escribe
: "los vecinos más capaces de desempeñar esos
cargos se han internado en otros pueblos con motivo de las frecuentes
invasiones de indios que ha sufrido esta zona".
Todo
comienza prácticamente de cero cuando en 1857 se establece
el nuevo trazado del pueblo: la calle principal, hoy 20 de septiembre,
y las transversales, las manzanas para las casas de los habitantes,
la iglesia, el cuartel de las tropas, la escuela, la plaza de la
guardia, la pulpería. Y el 23 de marzo de 1861 se inicia
en Junín el régimen municipal con 4 municipales,
hoy concejales. Un año antes, nacía la casa Basterreix.
Frente a la plaza del pueblo, esta casa de ramos generales y de
acopio de cereales es hoy el edificio más viejo que existe
en Junín.
Aunque
en 1864 se crea el partido, un año después
Junín era considerado un pequeño pueblito por el
gobierno, tal como lo consignan los documentos históricos.
Cuenta para ese entonces con 1929 habitantes (diseminados en las
chacras y las estancias de la región), y 33 ranchos. Los
registros dicen : "El pueblito es un puesto militar compuesto
por 33 casas, algunos ranchos, 886 habitantes, cuartel y escuela
con 90 alumnos".
Pasa
el tiempo y Junín crece. Se establece el alumbrado
público con faroles alimentados a kerosene, se instalan árboles
en la plaza principal, se construye el Cementerio Central, ya que
en un primer momento se encontraba donde está hoy la plaza
Alem. Llegan pobladores a la zona, atraídos por un motivo
fundamentalmente : los malones indios, luego de la campaña
al desierto iniciada por Roca, ya no constituían un peligro
para los asentamientos.
Al
haber más pobladores, nace la necesidad de comunicación.
Surgen las llamadas mensajerías que unen a Junín
con los pueblos de Chacabuco, llamada Guardia Nacional, y Chivilcoy.
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