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Revista Veintitres
ESPECIALES

 

HACE CIEN AÑOS NACIA MOISES LEBENSOHN

 

“Hay mucho que hacer en la República,
hay que luchar, luchar, luchar..”

 

...él seguirá naciendo y viviendo en cada amanecer argentino, en todas las actividades viriles de las vocaciones libres, en las esperanzas más
iluminadas de los jóvenes que son y
que vendrán...

 

 

 

Se cumple en la fecha el centenario del acimiento de Moisés Lebensohn. Hijo de Salomón Lebensohn, médico inmigrante de infrecuente cultura, Moisés Lebensohn nació en Bahía Blanca, el 12 de agosto de 1907.
A los veinte años se recibió de abogado y el 17 de octubre de 1931 –tenía veinticuatro años- fundó DEMOCRACIA.
Ideólogo del radicalismo sólo ocupó una concejalía en Junín en 1936.
El programa partidario redactado por él, aprobado por la junta ejecutiva de la Juventud Radical de la Provincia de Buenos Aires, fue la base del programa de Avellaneda, votado en 1945 por el primer congreso del Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical. Bajo la directiva leben-sohniana, en 1948 ese programa aprobado por la Convención Nacional tuvo fuerza vinculante para el radicalismo.
En 1949 presidió el bloque radical de la convención nacional constituyente y en 1953 fue elegido presidente de la convención nacional de su partido.
Moisés Lebensohn murió el 13 de junio de 1953 a los cuarenta y cinco años de edad.

 

Su formación

 

Debió traer savia nueva y vientos vigorosos para reverdecer el follaje radical. Y desde su radicalismo renovado y renovante, arrojó sin descanso flechas anhelantes al futuro, con la fe de la iluminación, con la tenacidad del obsesionado. Su puño se alzó contra las injusticias, su voz -suave y vigorosa- estigmatizó a los políticos orondos, su corazón libre se volcó para proclamar la rebeldía de su país sojuzgado.
Y sabía, sin embargo, que el tiempo de sus realizaciones estaría más adelante. Tenía un pie asentado en la arena de las luchas presentes, y otro esperando los horizontes que anunciaba su fe prometeica.
Lebensohn deambuló por todos los senderos del -pensamiento con vocación gohetiana por lo universal y permanente. En las noches de bohemia intelectual, en la charla con los amigos, en el recreo de sus cárceles, en el descanso de las asambleas, deslumbró, a pesar de su humildad, por la brillantez y variedad de su cultura. Heredó de su padre su formación clásica y humanista. Y desde la solidez de una cultura hondamente asimilada y vivida, su apetencia insaciada y su curiosidad sin límites, abarcaron todas las etapas y todas las disciplinas de la creación espiritual.
Por eso, con derecha podía definir la raíz de los planteos, exaltar la autenticidad poética de Homero y de Virgilio, explicar las concepciones de Machiavello y Napoleón o comentar la jerarquía laica de Renán.
Y a la información política -abrumadora en la contemporaneidad de su existencia- o al recuerdo literario, nutridísimo y selecto, podía añadir su opinión polémica sobre las distintas escuelas económicas o las encontradas corrientes del arte moderno con la profundidad y la amplitud de un especialista. Y aún más, por su cultura universal y universalista.

 

La juventud

 

Buscó él en la juventud los nuevos conductores. Creía en las banderas populares del radicalismo y aspiraba que los jóvenes las levantaran. Su fe y su intransigencia se concebía como fe en una nueva generación que se convocaba para autodefinir y confirmar las conductas y principios que su dirección negociaba con las oligarquías en el fraude compartido. Organizaba diálogos de muchachos y congresos juveniles, retoma los pequeños pueblos provincianos buscando en la pureza de los jóvenes un sentido de repugnancia moral y el testimonio de su activa responsabilidad. Llegaba a veces con algún amigo en los viejos ómnibus rurales y luego en una mesa de café llevaba la buena nueva. En esas gestiones fue madurando su personalidad de dirigente, que del Mazo rememora como dueño «de una bondad como pocas, fruto de su admirable capacidad para resistir el sufrimiento, la valorización del luchador de política apostólica; soñador y realista a la vez, cálido aliento y fuerza ordenadora, pasión de libertad, incitación de justicia y labranza de futuro».

 

El hombre

 

Había en Moisés Lebensohn una constante preocupación por el hombre. Fue éste siempre, el protagonista de sus ensayos, de sus discursos, como de sus artículos periodísticos.
Hay expresiones que él nunca abandona. Son cálidas, entrañables y poseen una gran fuerza descriptiva y comunicativa: «la criatura humana», «la condición humana», «la causa del género humano».
El adjetivo «humano» aparece reiteradamente, obsesivamen-te, y marca la dirección esencial de su pensamiento.
Veía al hombre como partícipe, no como partícula de la comunidad.
Frente a cada una de las manifestaciones posibles de la vida social, percibía ante todo al hombre, investido de las cualidades que definen su personalidad intransferible.
En una ocasión, Lebensohn plantea a fondo el problema económico-social de la miseria campesina durante los años corridos entre 1932 y 1937. Exhibe sus determinantes estructurales, postula soluciones de contenido revolucionario, emancipador. Pero en ningún instante olvida al hombre de carne y hueso. De pronto, en medio del profundo análisis a que está entregado, dice una frase dolorida, que semeja un giro literario, pero en verdad es cardinal, por cuanto muestra al único sujeto de su obsesión política: «Allí iban el hombre, la mujer y los hijos en que retoñó el amor, en los meses inclementes de las lluvias y el frío, del granizo y las heladas, sin vivienda ni vestimenta adecuada, sin alimentos, suficientes».
El hombre, la mujer y sus hijos están en el pensamiento de Lebensohn, no como un abstracto lugar común, sino como una acongojante realidad vital que él quería liberar, perfeccionar, embellecer, confundir con la imagen ideal del ser humano redimido y pleno.
Lebensohn escribía: «Luchamos por una democracia integral, concebida como ideal de vida, que contemple al ser humano como el objetivo supremo de la organización social. Que tenga igualdad de oportunidades en todos los campos de la existencia individual y colectiva, que desa-parezca el miedo a la vida. Que la cultura no constituya un privilegio, sino el derecho de la capacidad del trabajo y de la vocación natural, con prescindencia de la situación económica del hogar».

 

Organizador y conductor

 

Decía Lebensohn «Que la economía esté organizada no en beneficio de los poseedores, sino del pueblo, centro de una comunidad que garantice plenamente los derechos a la vida, al trabajo, a la salud y al bienestar de los habitantes».
Político argentino y descomunal, Moisés Lebensohn fue hombre de ideas, organizador y conductor. A lo Moreno. A lo Echeverría.
Quedan los fines; la lucha y un imperativo «Hay que luchar por la Argentina soñada».

 

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