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JUNIN: Diario Democracia El Diario de JUNIN ARGENTINA
JUNIN
 

 


Nunca Mas

A TRES DECADAS DEL GOLPE DE ESTADO DE 1976
Hace treinta años también Junín comenzaba a transitar un camino de terror

El testimonio de madres juninenses que reconstruyen un pasado que nos debe servir en este presente para no perder la memoria.

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No es fácil reflejar en las frías letras de un artículo de diario el relato de estas madres; no es fácil tampoco para el periodista escuchar sin inmutarse; no se trata de escribir una noticia más. No existen palabras acordes para transmitir al lector el dolor de una madre que desde hace treinta años permanece en vigilia. Con el rostro curtido por el dolor, no dudan en contar y hablar con orgullo evidente de sus hijos.
«El era estudiante de Ciencias Económicas. Ayudaba a sus compañeros. Estaba estudiando en La Plata hacía cuatro años. Era muy activo y tenía 21 años. Era maestro de Inglés a los 15 años y estaba en el cuadro de honor de la escuela 1 igual que en el Comercial. Siempre estudió y trabajó», contó a DEMOCRACIA Lucía Albamonte de Sadoux, hablando de su hijo único Jorge Mario Sadoux, quien fue visto por última vez el 7 de octubre de 1977.
Tras enterarse de su desaparición, sus padres comenzaron un peregrinaje largo e infructuoso, aferrándose a cada «tabla» de esperanza, presentación de Hábeas Corpus, pasando de oficina en oficina, cartas al Ministerio del Interior. Un peregrinaje que solamente lo pueden comprender otras madres que han sido compañeras de este dolor interminable.

Madres
Lucía Albamonte de Sadoux y Azucena Caivano de Prieto.

Un día de mayo de 2002, Lucía recibe en su casa un llamado telefónico de un antropólogo de La Plata quien le informó del hallazgo de los restos de Jorge en el osario del cementerio de la capital bonaerense.
A su vez, Azucena Caivano de Prieto contó a DEMOCRACIA que el 21 de agosto de 1977 desapareció su hijo Walter, y cómo comenzó el eterno peregrinaje de los padres. «A partir de allí -contó Coca, como le gusta que le llamen- nunca dejamos de caminar las plazas. Todos los jueves se hacían las marchas de la resistencia. Muchas madres han quedado en el camino, cansadas de esperar y sin saber dónde estaban sus hijos».
«Y nos vamos a ir todas. Por eso no tenemos que perder el tiempo y contar a todas las nuevas generaciones la verdad de lo que pasó. Hoy se cumplen 30 años de que las fuerzas armadas tomaron el poder y empezaron a llevarse a nuestros queridos hijos, que fueron secuestrados de sus casas, de la vía pública, torturados sin límite y desaparecidos. Todos eran alegres, amaban la vida, ser felices y ver felices a los demás. Era una generación entera de jóvenes que sólo querían la justicia social, que no hubiera unos pocos tan ricos y millones de pobres y marginales, ni chicos desnutridos. Por eso luchaban nuestros hijos, eran muy idealistas. Ellos querían un país sin explotados ni explotadores», señaló Coca a este diario.
En las acciones de las Madres de Junín, un año trajeron al premio Nobel de la Paz, Pérez Esquivel, entre otros defensores de los derechos humanos.
Sobre algunos juninenses víctimas de la época de terror, Coca relató a DEMOCRACIA que «Hugo Torretta, Adrián Romie y Beto Mesa fueron secuestrados el mismo día y torturados. Estrenaron la cárcel con ellos. Ellos fueron secuestrados, torturados y (asegura) enterrados en Junín».
«Ese mismo día le pegaron al padre Julio, profesor de la escuela Marianista», agregó. «Fuímos perseguidas, nos llevaron detenidas pero igual marchábamos», recordó Coca quien reconoció que «nos costó muchísimo comunicarnos con la sociedad de Junín porque acá era como si no hubiera pasado nada, algunos por miedo, otros por indiferencia».

Coca también reflejó que «nosotras decimos que nuestros hijos nos parieron. Nosotras estábamos en la cocina, criábamos, no sabíamos lo que pasaba a nuestro alrededor pero ellos nos abrieron los ojos, por ellos conocimos el drama de los chicos desnutridos, de las villas miserias, por eso reivindicamos la lucha de nuestros hijos y levantamos las mismas banderas: la de la justicia social, porque cuánta razón tenían...»

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Memoria y Justicia

Esta es la nómina de los juninenses que son recordados en esta fecha en nuestra ciudad: Hugo Ramón Torretta, Ademar Adrián Romié, Gilberto Alfredo Mesa (Beto), Ernesto Sánchez, Nelly Anderica de Sánchez, Ernesto Sánchez (hijo), Susana Elensa Ossola de Urra, Oscar Julián Urra Ferrarese, bebé nacido en cautiverio, Azucena Victorina Buono (Susana), Norma Susana Frontini de Díaz, Alfredo Díaz, Ricardo Héctor Zatylny, Alba Noemí Garofalo de Placci, Eduardo Daniel Placci, bebé nacido en cautiverio, Pedro Lablunda, Ana María Moscato de Lablunda, Eduardo Omar Cigliutti, Miguel Angel Solé, Walter Hugo Manuel Prieto, Edgardo Omar Moroni (Lalo), Jorge Mario Sadoux (sus restos fueron hallados en un cementerio en La Plata, en mayo de 2002), Eduardo Gabriel Horane Prieto (Lelel), María N. Ramírez Abella de Deprati, Osvaldo Nereo Deprati.
Estos son siete jóvenes de Junín cuya muerte fue dada a conocer oficialmente por el Ejército a sus respectivas familias: Fabián Andrés López Corrales, Gustavo Adolfo Rave, Graciela Muscariello, Benigno Pedro Gutiérrez, Alicia Cartenari de Franco, Eduardo Emilio Franco (Lalo), Norberto Juan Orlando.
A los mencionados se agrega otro juninense, Paco Carral quien fue muerto en 1975 y de acuerdo a la versión dada por la Policía Federal, Paco fue ultimado en un enfrentamiento.

Juan y la memoria  

 Sí, es verdad. Ya estoy con esos problemas de no acordarme lo de recién. Dicen que es el paso de los años. Que tenés el fichero lleno y ya no entran los nombres nuevos, ni otras caras, ni los datos de todos los días y que solo los retenés en el instante en que se producen y después desaparecen.
No podés imprimirlos. Que sólo te quedan imágenes fugaces, algo del contenido, de lo visto y oído. Será así nomás.
Será por eso que todos se olvidan de un día para el otro de las cosas que pasan.
«Pucha» que es fulero cruzar los setenta con estas novedades. Si uno piensa que la memoria es la potencia del alma mediante la cual se retiene y recuerda lo pasado, no entiendo porqué de a ratos se me vuela ese pasado inmediato anterior, ¿o acaso no es pasado?.

Cómo discernir este entrevero del presente volátil, de la voz de mi madre que me ordena hamacar al más chico de mis hermanos para que se duerma, si hasta siento el sonido del vaivén de la cuna sobre el piso de ladrillos y percibo el aroma de la sopa que a la hora de la cena humea en los platos hondos!!. ¿No serán macanas de los médicos, no serán cuentos que le inventan a los viejos?.
_Pero Juan, ¿quién te dijo que sos viejo?. Me gusta hablar con vos. Siempre te estoy esperando para eso. Es difícil encontrar en la casa alguien que te escuche, por eso me la paso leyendo o curando las plantas, haciendo palabras cruzadas. Esta, ¿la sabés?. «Superior de un monasterio», horizontal, cuatro letras...Estoy leyendo ese libro que me trajiste «El hombre que está solo y espera», el de «La tercera ola» ya lo terminé.
_A veces me parece que soy una sombra. Que nadie me ve ni me da artículo. Es más, si opino, «...que no sé lo que digo, que hablo fuerte, que no me queje de los políticos que generaron la llegada de los milicos, si total cobro la jubilación y tengo para comer y los remedios. Mejor callate, porque si alguien te escucha vas a terminar preso vos también».
_Sí, me voy a pescar.
_Cuidate, no vas a volver con que te duele la cintura.
_¿Entonces, cuáles son los discursos que conviene o no conviene que oiga la gente o la juventud.
Y se sonrió.
_Digo...aclaro, primero lo dijo Sócrates (tercer coloquio sobre la justicia). Che, me estoy bandeando, vos decime. No te quiero aburrir con mis conjeturas.
_Están buenas, yo creo que tenés razón, de verdad te digo. Es así, tal cual como vos pensás.
Y Juan, en su sillón de siempre y ese aspecto de santón afable, con el diario plegado sobre sus rodillas, él, que siempre parecía tener la camisa del hombre feliz, dejó caer sobre el papel un lagrimón que borroneó la tinta de la noticia infame.
_Sabés. Ayer salí de casa escondido. Me fuí hasta el centro. Total, quién me conoce y haciéndome el descuidado, mientras miraba los canteros, pegué estos papelitos en los árboles de la plaza. Los preparé disimulando que escribía las palabras cruzadas. Ya no sé qué hacer, no puedo seguir aquí paralizado. Los abogados no pueden hacer nada, están trabados y arriba no te escuchan o te mienten. ¿Me podés ayudar?. ¿Me podés pegar vos también, ahí, por dónde se puedan ver?. Haceme la gauchada. Si te comprometo, dejá no más, quizás esta tarde si no hace tanto frío y aquí no se dan cuenta, salgo de nuevo.
Me guardé los papelitos en la manga.

Es la hora del té y Juan se acomoda para que le sirvan su merienda. Es una parte importante de su ritual de vida. Le doy un beso y me voy. Me insiste, quedate, acompañame, mirá qué rica esta tostada con miel, es miel de mis abejas. Viste, es de los cajones que tengo en la quinta, es miel pura de abejas. Llevate un frasquito para vos y los chicos. Juan guardaba siempre entre sus ropas la hoja del diario. Estaba lúcido y memorioso como siempre. Cruzó los setenta y muchos más, sin que el olvido lo invadiera y por si acaso, por eso de la memoria, se previno releyendo los nombres de los canallas, para que no se le borraran. No era obsesivo ni enfermizo. No estaba loco. Estaba más consciente que nunca.

_Juan, a mí también me gustaba hablar con vos. Eras y siempre serás el único, inefable, insustituible amigo y compañero de mis charlas. Ahora sos vos el que a la hora del té ya no estás. No te pude retener. No hubo elixir que te salvara, ni mi amor, ni mis rezos.
_¿Sabés Juan?. Ahora cualquiera habla y dice lo que se le canta, aunque sea un disparate y en cualquier parte. Es fácil, porque ya no te persiguen si cuestionas el precio del tomate o de la carne, cosa que podía costar la vida. Ahora cualquiera hace política, todos se quejan, todos replican, todos son guapos, todos son sabios conocedores del quehacer nacional, acompañan los piquetes. ¡Qué risa!.
Me dan vergüenza ajena y me pregunto ¿dónde estaban?, ¿qué careta tenían puesta?. O simplemente sucedió que el miedo los hizo cómplices injustificados e imperdonables.
Hoy, a treinta años de todas las masacres y a cuatro de tu muerte, todavía guardo tu página del diario, tan ajada como el lastimado corazón de tantos, como tus papelitos que decían:«Mi hija es una buena persona. No es terrorista. Devuelvanme a mi muchacha».
Al corazón de los que se quedaron esperando y aún siguen en la búsqueda de todos los niños, muchachas y muchachos.

Hombres y mujeres, que nunca fueron devueltos a sus hogares por los que jugaron a la guerra y ni siquiera supieron defender la Patria.
Violadores de la Constitución que sólo bregaron por su propio interés y beneficio y para ello dañaron a toda una Nación.

Respetuosamente.
Imelde Sans.

Nunca Mas

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LA NOCHE MAS LARGA
Mary Charne: «Recordar con memoria, pero sin violencia»

 Hermana del desaparecido Beto Mesa, brindó testimonio de uno de los casos ocurridos durante la Dictadura Militar/Una familia que aún busca respuestas.

  Gilberto MesaAbrirse paso por el camino de la memoria, tratar de recordar hechos y sentimientos aprisionados durante treinta años, es como bucear en un mar negro, donde la sensación de sofocación y angustia está siempre presente. El testimonio de Mary Mesa Vda. de Charne, hermana del desaparecido Gilberto Alfredo Mesa (Beto), tuvo un marco especial, donde hubo que poner freno a las lágrimas y recordar aquello que fue una larga noche. Beto Mesa fue secuestrado en Junín, a la madrugada del 17 de diciembre de 1976 por lo que se supone un grupo de tareas de las fuerzas de seguridad, que ingresó por la fuerza a su domicilio tras romper la puerta de entrada. Armas mediante le dijeron que tenía que acompañarlos y que se llevara algo de ropa. El estaba con su mujer y su hija, las que fueron encerradas en una habitación.

Por lo que se sabe, en el acto de secuestro de Beto no hubo violencia física, ya que no golpearon ni a él ni a su familia, ni rompieron cosas de la casa, sólo la puerta. Por entonces tenía 45 años de edad, era empleado de los Talleres Ferroviarios de Junín, enseñaba danzas folclóricas y era titiritero. No estaba afiliado a ningún partido político. Su fructífera vida quedó trunca, por eso vale la pena recordar parte de su trayectoria artística en nuestra ciudad. «Los títeres de Tío Beto», que Gilberto Alfredo Mesa ponía en escena con su teatrillo itinerante, era un espectáculo infantil de reconocida labor, siendo su público no solamente aquel de los ocasionales cumpleaños y fiestas familiares sino también el que frecuentaba el Teatro La Ranchería.
En su juventud, fue un excelente actor, de gran expresividad, siendo muy recordada su actuación en la obra teatral denominada «Las manos de Eurídice».
Trabajó en radio y televisión. Fue un investigador del folclore de nuestra tierra, estudiaba la cultura y costumbres de las diferentes regiones. Se desempeñó como profesor de danzas nativas argentinas en el instituto que dirige Nené Gralatto. Beto Mesa fue uno de los fundadores de la Asociación Numismática, como así también del Coro Polifónico de Junín.

Al recordar la oscuridad que atravesó su familia, tras la desaparición de su hermano Beto, Mary relató que, en medio de la desesperación, el primer impulso fue ir a la Policía, precisamente a la Comisaría Primera.
«El comisarío Pena no nos dio ningún indicio de dónde podía estar. Entre las cosas que nos dijo, una me quedó grabada a fuego: ‘A esos no los busquen más porque ya están bajo tierra’.... También fuimos a los cuarteles, en ese momento estaba Gómez Pola, y también Camblor, pero no tuvimos respuesta», expresó. «Una vez, estando yo en el centro, alguien me pidió que no lo mirara y me dijo que buscara en el Tercer Cuerpo del Ejército, con asiento en Córdoba. Hasta allí fui para pedir audiencia con el Gral. Menéndez. Luego fue mi mamá y él la atendió. Después nos enteramos por los medios que otra persona de apellido Mesa había estado allí, y luego pasó a figurar en las ‘listas del Poder Ejecutivo’, es decir habían «blanqueado» su situación. En las listas del Poder Ejecutivo el gobierno militar informaba los nombres de quienes eran presos políticos. Beto nunca figuró en las mismas», expresó.

Entre los lugares recorridos mencionados por Mary Charne, está la morgue judicial de Capital Federal, y el campo La Perla. «Allí nos hicieron buscar en un libro de NN, según los rasgos físicos del desaparecido se veía si podía ser alguno de los muertos por las fuerzas de seguridad. Busqué en los libros, y sólo resistí ver dos cadáveres mutilados, ambos de chicos muy jóvenes. El último viaje que hice fue a Salta, en el año 1994, al Ingenio Ledesma, porque me habían dicho que habían visto a alguien con los rasgos similares a los de Beto. El viaje de ida fue largo y penoso, y el regreso aún peor», manifestó. Según lo relatara Mary, quien lo buscó hasta el límite de sus fuerzas fue su madre, Soledad Corro, fallecida en mayo de 2005 a los 94 años de edad, sin haber podido encontrar a su hijo, sin siquiera saber donde están enterrados sus restos. Consultada sobre la actitud de la policía de entonces, Mary recuerda que en los años de la dictadura había mucho miedo, y el «no te metás» estaba a la orden del día. «Me acuerdo que algunas noches a la madrugada llamaban a la puerta y era la policía. Me preguntaban cualquier cosa, pero lo cierto era que querían atemorizarme. Mi esposo había muerto en julio del ’76, y yo estaba sola con mis hijos», señaló.

Según su relato, el papel que cumplía la Iglesia Católica de entonces no era mucho mejor, a pesar de que Mary era de la Acción Católica y maestra de catequesis. «Me prohibieron estar con los jóvenes. No podíamos hablar, mi consuelo era la Iglesia de la Santa Cruz, que estaba en el barrio Once de Capital Federal, a la vuelta del Hospital donde habían operado a mi esposo Lito de un tumor en la cabeza. Yo solía concurrir allí cuando Lito estaba enfermo, y luego quedó la amistad con los sacerdotes misioneros, pasionistas. Cuando pasó lo de Beto continué yendo. Uno podía hablar, hallar consuelo, había un grupo de reunión con familiares de desaparecidos.
En esa época era difícil hablar de lo que estaba pasando. En esa Iglesia estaban trabajando las monjas francesas que desaparecieron, siendo el caso conocido a nivel internacional
», apuntó.

Segunda parte del Especial del Golpe del 76 en Junín

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